Trinidad de Cuba

Visitarla permite conocer no solo a una de las ciudades mejor conservadas de América sino también elevar el espíritu con las bellezas arquitectónicas que posee y con un pasado de leyendas y realidades inigualables. Las antiguas mansiones y palacetes guardan mucha historia, aún por descubrir. Muchas de estas mansiones, convertidas hoy en Museos, ofrecen al visitante la posibilidad de descubrir el esplendor de una época, donde la riqueza de unos pocos, basada en la industria azucarera, estuvo sustentada por la más infame de las ignominias contra el ser humano: la esclavitud. Ubicada a centro sur de la Isla, conservó sus atributos de antaño, supo manejar bien los engaños de la modernidad y se mantuvo firme en su decisión de conservar un legado que ya cumplió sus 500 años.


Plaza Mayor en Trinidad

Es la más antigua Plaza de Trinidad, frente a ella se erigió la Iglesia, situada en la parte alta del centro urbano, rodeada de majestuosos palacetes, otrora iluminada con lámparas de aceite oliva, es el núcleo central a partir cual se desarrolló la villa. Es considerada por expertos la segunda en importancia en el país, después de la Plaza de la Catedral, en la capital. El aspecto de hoy lo adoptó a partir del 26 de marzo de 1857 cuando se le pusieron verjas exteriores e interiores. Trazada por el ingeniero Julio Sagebién, en 1868 se le construyeron dos aljibes. Lugar donde Hernán Cortés y su tropa acamparon para reparar sus fuerzas antes de partir hacia conquista de México y por donde se paseó el notable sabio alemán Alejandro de Humboldt. Tuvo varias denominaciones: Plaza Mayor, Plaza de Fernando VII, Plaza de la Contribución y en los años 1856-57 Plaza Serrano y Plaza de Martí. A su alrededor se alzan varias construcciones de gran valor arquitectónico, cada una con una valiosa historia que contar.


Iglesia Parroquial Mayor en Trinidad

Antigua Iglesia de la Santísima Trinidad se terminó de construir en 1892. Está enclavada en el mismo sitio donde en 1620 se alzó una edificación mucho más modesta para cumplir similar función, devastada por una tormenta en 1812. Su altar mayor es de maderas preciosas cubanas, uno de los más lujosos altares que existen en Cuba y está consagrado a la Santísima Trinidad, mientras el menor tiene una hermosa imagen del Cristo de la Veracruz (1731), tallado en España, que prefirió quedarse en Trinidad antes de seguir hacia México cuando desde el barco en que viajaba en el Siglo XVIII arrojaron cajones al mar. La imagen venía en una de esas cajas. Destruida en disímiles ocasiones e incluso saqueada por piratas, es sin dudas una joya arquitectónica. Hoy es un sitio que visitan asiduamente los turistas extranjeros, al encontrarse en el Centro Histórico de la villa donde se alzan otros exponentes de la arquitectura trinitaria.


La plazuela de Jigue en Trinidad.

Se ubica en el corazón del Centro histórico de la ciudad de Trinidad, en la intersección de las calles Boca y Real del Jigue y en su entorno puramente colonial caracterizado por edificios construidos en los siglos XVIII y XIX siendo elocuente testimonio del gran peso de los intereses particulares en la configuración urbana de la ciudad antigua, fuera el lugar escogido, según afirma la tradición oral, por el ¨Adelantado¨ Don Diego Velásquez de Cuellar para el Ministro del Señor que los acompañaba celebraba por vez primera, el Santo Sacrificio de la Misa de la Fundación de la Villa de la Trinidad, oída con recogimiento por Velásquez y sus compañeros. Bajo un frondoso árbol fue levantado el modesto altar donde se celebró la ceremonia, ante los hombres blancos, conquistadores de oro, llegados de tierras extrañas y ante los sencillos Siboneyes, atónitos, que no se explicaban lo que veían.


El Valle de los Ingenios en Trinidad

Constituye una gran reserva natural y arqueología de los que fue a inicios del siglo XIX la industria azucarera local cuya producción hizo de Trinidad una de las poblaciones más prosperas de Cuba y su ruina ulterior, ciudad – museo como detenida en el tiempo. Los sitios localizados en esta región conservan restos constructivos de fábricas, elementos de maquinaria industrial y diversos objetos que nos hablan de la naturaleza, de las relaciones de producción y de las características del hábitat de nuestros antecesores. Entre los exponentes de mayores riquezas protegidos están las casas – haciendas de los ingenios Manaca Iznaga, Buenavista, Guáimaro y Magua.


Manaca Iznaga en Trinidad

Desde la torre de Manaca Iznaga, única de su tipo en Cuba y fiel centinela, a pesar del tiempo transcurrido, se domina el Valle de San Luis o de los Ingenios, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988. A unos 45 metros de altura, ella que sirvió para vigilar a los negros esclavos de fugas y sublevaciones conserva aún hermosas leyendas que involucran a Alejo María del Carmen Iznaga y Borrell y su hermano, una de las cuales dio lugar a esta atalaya y a un pozo.  Por su parte el ingenio de san Francisco Javier de Manacas fue erigido en 1750. Manuel de Tellería construye la fábrica azucarera y luego la pierde, al ser confiscada pasa a la familia Muñoz que después la vende a los Iznaga, cambiándole el nombre por San Alejo. Esta espléndida joya arquitectónica en forma de atalaya a veces comparada con la célebre Torre de Pisa, fue mandada a construir por Don Alejo María del Carmen Iznaga y Borrell hacia los años finales de la década del 20 o principios del 30, en el siglo XIX.